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jueves, 24 de mayo de 2012

¿Quién mató a Víctor Jara?

El jueves 25 de mayo, un grupo de personas llegó hasta el piso 14 de la superintendencia de AFP para “funar” a Edwin Dimter Bianchi, jefe del departamento de control de instituciones. La página de la “Comisión Funa”, publicó ese día una advertencia a Dimter (“estás funao”), lo llamó “asesino del Estadio Chile” y publicó un alias: “El príncipe”, su mail y teléfonos comerciales.
Al final de esa página, la comisión hizo el siguiente llamado: “Por la memoria de Víctor Jara / Si no hay justicia / hay funa”.
A partir de entonces, el mundo online se ha llenado de referencias al hecho. No ha ocurrido lo mismo con los medios tradicionales.
De la prensa, sólo “La Nación” hizo un reporte del incidente, firmado por la periodista Pascale Bonnefoy.
Antes, el 15 de marzo, Mario Aguilera, del desaparecido “Diario Siete” firmó la nota que contaba del careo entre cinco ex prisioneros y tres ex uniformados que estuvieron en el Estadio Chile (hoy Estadio Víctor Jara) en septiembre de 1973.
Esos tres uniformados eran el teniente coronel (r) Roberto Souper, y los tenientes (r) Raúl Jofré González y Edwin Dimter Bianchi.
Para aquellos con la edad suficiente para acordarse, estos nombres tienen que haber hecho sonar varias campanas: fueron los oficiales arrestrados tras el “Tanquetazo”, el fracasado golpe contra Salvador Allende ocurrido en junio de 1973, y sofocado, entre otros, por un tal Augusto Pinochet.
“Hay un grupo de oficiales”, dice la nota de Aguilera, “entre los cuales los detenidos reconocen por nombres a algunos de ellos que tienen una seria responsabilidad en términos de los apremios, de las flagelaciones y del maltrato que se dio a los detenidos y aseguran que también están las personas que violentaron brutalmente a Víctor Jara”.
Estos oficiales, que desde junio de 1973 habían estado presos, pasaron el 11 de septiembre de ser los presos a ser quienes mantenían presos a sus adversarios.
Si uno googlea “Edwin Dimter Bianchi” (al menos el 9 de junio, a las 13:25), la primera entrada remite a una página del pacto Juntos Podemos, que no despliega nada, pero en el texto que aparece en google se puede apreciar PODEMOS Forums-viewtopic-EDWIN DIMTER BIANCHI ASESINO DE VICTOR JARA. Otro blog (cuarta entrada google) también califica a Dimter como “Asesino de Víctor Jara”.
Rie.cl, la página de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (quinta entrada), titula “Funan a Edwin Dimter Bianchi, asesino de Víctor Jara”.
La sexta entrada correponde http://www.cctt.cl/din/?q=node/view/1279: “Este es el asesino de Victor Jara: Edwin Dimter Bianchi, alias ´El Príncipe´”.
La séptima entrada, la del Movimiento Generación Ochenta, tiene un título más largo: “Edwin Dimter Bianchi, señalado por testigos como el responsable directo de la muerte del cantautor FUNADO EL ASESINO DE VÍCTOR JARA”.
La nota cita al abogado de derechos humanos Nelson Caucoto, y en ninguna parte dice que Dimter sea el autor material del asesinato de Víctor Jara, pero sí da a conocer lo que ya Aguilera había anticipado en “Siete”: que hay más de un testigo del proceso que lo reconoce como “El príncipe”, el jefe del Estadio Chile en los días posteriores al golpe.
Nelson Caucoto señala que no se ha acreditado en el proceso que Dimter sea “El Príncipe” ni el asesino de Jara, y que no tiene idea de cómo internet llegó a unir la identidad de Dimter con la del “Príncipe” o la del asesino de Jara.
Sin embargo, añade que la “funa” no fue tan injustificada porque de los tres uniformados sólo Dimter Bianchi corresponde al tipo físico (rubio, alto) que los ex prisioneros describen como “El Príncipe”.
A lo largo de los años no se han podido encontrar testigos del momento de la muerte de Víctor Jara. En 2004, el periodista Cristóbal Peña reconstituyó para Rolling Stone el paso de Jara por el Estadio Chile (el reportaje ganó el premio Periodismo de Excelencia de la UAH 2004; y el Natali, un premio que otorga la Unión Europea).
El jueves 13 de septiembre de 1973, dice Peña en su reportaje, los focos del estadio apuntaron hacia un militar “alto, provisto de una metralleta punto 30, casco de combate y lentes oscuros modelo Augusto Pinochet”.
Uno de los testigos entrevistados por Peña, Osiel Núñez, entonces presidente del centro de alumnos de la Universidad Técnica del Estado (hoy Universidad de Santiago), recordó así el encuentro: “El tipo se vanagloriaba del timbre de voz, porque a diferencia de otros, no necesitaba micrófono para dirigirse a los detenidos.
Después que respondíamos a sus gritos, nos miraba y decía: Qué bien hablo. Soy un príncipe”. El apodo quedó y hoy, según el reportaje de Bonnefoy, al menos seis testigos han identificado a Dimter como “El príncipe”, “en persona y por fotografías”, entre ellos “un oficial de ejército en retiro”.Según el reportaje de Bonnefoy, que cita a Caucoto, el propio Dimter reconoció ante el juez Juan Eduardo Fuentes haber estado en el Estadio Chile, aunque negó ser “el príncipe”.
Entre las acusaciones más graves que se le hacen al príncipe (de las más suaves: entretenerse golpeando los testículos de los detenidos con un linchaco) está haber ordenado matar a culatazos a un detenido con el que se tropezó.
La familia Jara presentó en 1998 una querella criminal contra Augusto Pinochet por la muerte de Víctor Jara. Finalmente, esa causa consiguió por primera vez la identidad de al menos un militar que estuvo en el Estadio Chile: Mario Manríquez Bravo, coronel en retiro, procesado por el homicidio de Jara. Sin embargo, al menos un testimonio de ese proceso asignó a “Manríquez” (el testigo no le sabía el nombre entero) labores “administrativas”, y sindicó como interrogadores-torturadores a Miguel Krassnoff Marchenko y a otro teniente cuyo nombre olvidó.
Ese testimonio no logró entregar la identidad del asesino de Víctor Jara, tampoco en términos administrativos.
Así lo reconoce el artículo de Bonnefoy, pero añade que “numerosos” testimonios apuntan “al Príncipe”.
Los últimos días en la vida de Víctor Jara se han reconstituido a través de trabajo periodístico serio y de calidad. El artículo de Peña lo sitúa en la madrugada del sábado 15.
Dos soldados se acercan y se lo llevan del grupo en que estaba “por encargo del Príncipe”. Boris Navia, uno de los detenidos en ese grupo, vio cómo se lo llevaban hasta las casetas de transmisión, y vio que al menos dos oficiales (no el Príncipe, pero éste estaba presente), lo golpeaban allí. Carlos Orellana (el ex editor de editorial Planeta), otro detenido, lo vio momentos más tarde, en unos camarines del subterráneo.
Pudieron hablar durante un permiso que les dieron para ir al baño. Jara le dijo que había un soplón en el grupo de prisioneros, pero Orellana no recordó frente a Peña el nombre. A las siete de la tarde Osiel Núñez compartió una fila de “peces gordos” con Jara. “poco antes de avanzar pasó un oficial que separó de la fila a Víctor y a Danilo Bartulín, uno de los médicos de Salvador Allende”.
Bartulín logró sobrevivir, y lo último que figura de él es que fue o es el representante en Cuba de los ascensores Otis, pero de acuerdo a lo que Caucoto contó, nunca se ha presentado a dar su testimonio ante la justicia chilena. Su testimonio alcanzó a ser recogido en 1976, en México, el primero en ponerlo online ha sido el sitio Patriagrande.net., de Héctor Velarde.
Lamentablemente, el testimonio no está firmado.
Un narrador –que según se desprende del texto estuvo con Víctor Jara en la UTE antes de que ésta fuera allanada (¿el cubano Jorge Timossi?)- es quien efectúa la entrevista. Bartulín, según este narrador, es uno de los hombres que sale al lado de Allende (no dice cual) en la última foto que se le tomó.
Este testimonio de Bartulín hace dos referencias a haber estado con Jara: una sesión de tortura en la que a él el torturador le convida un cigarro, pero no a Jara; y luego la que parece ser la escena que describe Núñez en el reportaje de Peña.
Bartulín dice: “Casi tres días estuvimos juntos Víctor y yo en el Estadio de Chile”, pero no queda claro si los dos episodios que menciona están separados por tres días. Luego, menciona que el “comandante” Manríquez separa del último grupo de prisioneros del Estadio Chile que abandonaba el recinto con rumbo al Estadio Nacional, a él, a Litré Quiroga y a Víctor Jara. La orden era llevarlos “abajo”.
“Allí tenían habilitada una cámara, en lo que había sido guardarropía y varios baños”, dice Bartulín. “Muchos de nuestros compañeros fueron llevados allí, pero nadie volvió. Una vez que me condujeron al interrogatorio y, al pasar, vi un montón de cadáveres, de cuerpos masacrados y desmembrados”.
Una vez “abajo”, Bartulín y Jara fueron puestos dentro un baño, y Litré Quiroga en el del lado. Sorpresivamente, Bartulín fue sacado de ahí. Después, el cadáver de Jara fue arrojado a la calle; el de Litré Quiroga también.La información sobre la “funa” corrió casi solo por internet: cadenas de e-mails, blogs, sitios.
En “La Tercera” hubo una breve nota en la que se afirmaba que Dimter Bianchi había sido despedido de su trabajo. La comunidad online ha saltado automáticamente a la conclusión de que “se encontró” al asesino de Víctor Jara.
La verdad es que hasta ahora nadie ha identificado con certeza a Dimter como "El Príncipe" o “el asesino de Víctor Jara”. Es muy probable que “El Príncipe” haya sido el asesino, o que haya dado la orden de matar, pero “probable” no significa “seguro”.
No es poca cosa ser “El Príncipe” ni serlo y al mismo
 tiempo trabajar en la administración pública –y más encima ser un exonerado político, que sí lo era Dimter-, y menos son poca cosa las muertes de Víctor Jara y de Litré Quiroga.
Tampoco lo es que en estricto rigor el periodismo, aún haciendo bien su pega, no pueda develar el misterio del asesino de Jara, y que la única forma de saber con certeza absoluta quién mató al artista es la confesión de su asesino.




domingo, 16 de agosto de 2009

Nuevos documentos desclasificados de la CIA

La gestión de Nixon y dictador brasileño para derrocar a Allende.

Documentos desclasificados de la CIA, publicados hoy en EEUU, revelan que Richard Nixon complotó con el dictador brasileño Emilio Garrastazú Médici para derrocar a Salvador Allende. El investigador Peter Kornbluh, encargado del Nacional Security Archive dijo que "Chile podría solicitar formalmente al Presidente Lula que abra los archivos militares de Brasil para clarificar lo sucedido".
Se trata de tres memos, fechados en 1971, que ilustran conversaciones personales entre Nixon y Garrastazú Médici, sostenidas en la Casa Blanca, y en las que discutieron acerca del rol que le cabría a Brasil en el derrocamiento del Presidente chileno. Durante uno de los diálogos, Nixon preguntó al dictador brasileño si el Ejército de Chile tenía la capacidad para derrocar a Allende. Éste respondió que "creía que sí", y además dejó claro que "Brasil estaba trabajando con ese objetivo".
Durante el encuentro que tuvo lugar en la Oficina Oval, Nixon aprobó la intervención de Brasil en Chile. "El Presidente señaló que era muy importante que Brasil y Estados Unidos trabajaran juntos en este campo. No podíamos tomar una dirección, pero sí los brasileños sentían que había algo que pudiéramos hacer para ayudar en esto, a él (Nixon) le gustaría que el Presidente Garrastazú Médici se lo hiciera saber. Si se requería dinero u otro tipo de ayuda discreta, podríamos ponerla a disposición. Esto se mantendría bajo la mayor discreción", señala el documento.
En la citada conversación, Nixon le dijo a Garrastazú Médici que Estados Unidos y Brasil debían "evitar que hubiese nuevos Allende y nuevos Castro" en América Latina y, al mismo tiempo, tratar de "revertir esta tendencia" donde fuese posible.
Nixon dijo también al brasileño que "esperaba que pudieran colaborar estrechamente puesto que había muchas cosas que Brasil, como país sudamericano, podía hacer y que Estados Unidos no podía" anota el texto de la CIA. La documentación revela que Nixon creía que una relación especial con Brasil era muy importante, al grado que propuso a Garrastazú Médici que ambos establecieran un canal directo y secreto de comunicación "para contactarse directamente fuera de medios diplomáticos".
El brasileño nombró a su ministro de Relaciones Exteriores y asesor privado, Gibson Barbosa, como su representante en dicho canal, pero le dijo a Nixon que en caso de que tuviese que tratar "materias particularmente privadas y delicadas, Brasil usaría al coronel Manso Netto. Por su parte, Nixon nombró a Kissinger como su representante.
Basado en fuentes brasileñas, otro memo de la CIA señala que Garrastazú Médici propuso al Presidente norteamericano que trabajasen juntos para contrarrestar la "expansión izquierdista marxista" y Nixon le prometió asistencia norteamericana "donde y cuando fuera posible". El reporte revela también que el meollo de las conversaciones secretas generó preocupación en los estamentos militares de Brasil. Algunos generales pensaban que la responsabilidad por tales operaciones recaería en las fuerzas armadas brasileñas. El documento cita al general brasileño Vicente Dale Coutinho señalando que "Estados Unidos obviamente quiere que Brasil haga el trabajo sucio" en América del Sur.
Una estimación hecha por la CIA en 1972, predecía que Brasil iba a jugar un rol cada vez más importante en asuntos hemisféricos "llenando cualquier vacío que Estados Unidos pudiera dejar" y agrega que Brasil "no dudaría" en emplear acciones encubiertas para "oponerse a gobiernos de izquierda; mantener gobiernos amigos en el poder o ayudarlos a instalarse en países como Bolivia y Uruguay".
Información
Kornbluh sostiene que Chile tiene el derecho de pedir a Brasil un informe que clarifique lo ocurrido. "Así como el Senado de los Estados Unidos emitió un reporte sobre la intervención norteamericana, uno pensaría, considerando el peso de los documentos revelados en Washington, que Brasil va a acceder a clarificar su propio rol" en el derrocamiento de Allende, subraya el investigador.
Peter Kornbluh es director de los Proyectos de Documentación Chile y Brasil del NSA, una agencia no gubernamental basada en Washington DC que lidera la campaña para desclasificar documentos aún secretos de la CIA en relación con la intervención de Estados Unidos en América del Sur. Kornbluh, autor del libro "Pinochet: los archivos secretos", ha sacado a la luz centenares de documentos que ilustran la intervención norteamericana en Chile.
"Obviamente, documentos como los que comentamos hoy revelan un aspecto multilateral en la intervención para derrocar a Allende. Debe haber más información que se intercambió a través de los canales secretos a los que se refiere la CIA. ¿Qué otras comunicaciones tuvieron después? ¿Qué más revelan esas comunicaciones sobre el rol de Brasil? Estoy seguro de que hay más documentos, muy secretos, de la CIA que aún no hemos visto, y que reflejan esta colaboración", dice Kornbluh.
Él cree que, si los brasileños están adoptando una política de puertas abiertas respecto de la historia, claramente, debieran estar dispuestos a avanzar para que se sepa todo lo ocurrido en ese entonces. "Por ende, vamos a dar a Estados Unidos, a la administración de Obama, todo el permiso para desclasificar cualquier documento que ilustre lo sucedido. Si Brasil lo hace, será un gran avance", concluye.
A su juicio, "Brasil seguía su propia iniciativa y tenía un interés propio, muy similar al de Estados Unidos: no quería que Allende tuviera éxito porque eso tendría un impacto en la región, especialmente en Uruguay".
"Más allá de entender los roles que los países jugaron en la intervención, y la voluntad propia de Brasil, es importante notar que Brasil ha cambiado mucho desde los ’70. La ironía es que la misma nación que eligió a Lula da Silva estuvo previamente involucrada en minar y derrocar un gobierno como el de Allende, que de algún modo pavimentó el camino para que líderes como Lula fueran democráticamente elegidos en las urnas", acota

jueves, 11 de septiembre de 2008

Desclasifican nuevas conversaciones entre Nixon y Kissinger para derrocar a Allende

Un registro de conversaciones hasta hoy inéditas entre Richard Nixon y Henry Kissinger para impedir que Allende asumiera el poder en 1970, y otro cuando sólo faltaban semanas para el Golpe de Estado, revela nuevos detalles de cómo ambos se empecinaron en derrocar el gobierno de la Unidad Popular, al punto de decir: El gran problema hoy en día es Chile. Entre las novedades figura la noticia que le da Kissinger a Nixon: Agustín Edwards ha huido y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes…

Por Peter Kornbluh*

Treinta y cinco años después del Golpe de Estado en Chile, apoyado por Estados Unidos, transcripciones recientemente desclasificadas de las conversaciones del entonces consejero de seguridad nacional de Estados Unidos Henry Kissinger con el director de la CIA Richard Helms, el Secretario de Estado William Rogers y especialmente con el Presidente Richard Nixon, revelan nuevos episodios sobre la trama interna de cómo su administración preparó la desestabilización del primer gobierno socialista elegido democráticamente en el mundo.

Si el 15 de septiembre de 1970, cuando Nixon ordenó a la CIA “evitar que Allende asumiera el poder, o lo derrocara”, era considerado el punto de partida para las operaciones encubiertas de Estados Unidos que contribuyeron al derrocamiento del gobierno de Salvador Allende, estas nuevas revelaciones cambian el mapa de la operación.

Según estas transcripciones, Nixon y Kissinger iniciaron sus planes para revertir los resultados de las elecciones chilenas tres días antes. Al mediodía del 12 de septiembre de 1970, Kissinger llamó a Helms para agendar una reunión urgente del “Comité 40”, un grupo de alto rango que supervisaba las operaciones encubiertas del gobierno de los Estados Unidos. Aproximadamente 35 minutos más tarde, en medio de un informe verbal que se le entregaba a Nixon sobre un secuestro de avión con rehenes en Amman, Jordania, Kissinger le dijo al Presidente: El gran problema hoy en día es Chile.

Esa trascripción revela cómo el Presidente de Estados Unidos concentró su atención en los esfuerzos por impedir el arribo al poder de Allende. En esa llamada, Nixon exigió ver todas las instrucciones que se le enviaban al embajador de EE.UU. en Santiago, Edward Korry. Al punto de ordenar que el Departamento de Estado fuera alertado de que él quería ver todos los cables enviados a Chile.

-Quiero una evaluación sobre las opciones disponibles -le dijo Nixon a Kissinger.

Cuando Kissinger le respondió que la posición del Departamento de Estado era la de permitir que Allende asumiera el poder y entonces ver lo que se podía hacer, Nixon inmediatamente vetó esa idea. ¿Igual como ocurrió con Castro? ¿Cómo ocurrió en Checoslovaquia? La misma gente dijo la misma cosa. No permitas que lo hagan, instruyó el Presidente.

En esa conversación, Kissinger y Nixon también hablaron sobre Agustín Edwards, el empresario y dueño del diario El Mercurio.

-Agustín Edwards ha huido –le informó dramáticamente Kissinger al Presidente-, y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes para conocer su versión de la situación.

-No queremos que se filtre un gran artículo respecto de que estamos tratando de derrocar al gobierno –respondió Nixon

El Secretario de Estado William Rogers, a quien Nixon y Kissinger en buena parte excluyeron de las deliberaciones sobre Chile, era igualmente sensible a esa posibilidad. La transcripción de su conversación con Kissinger dos días después refleja el nivel de preocupación del Departamento de Estado sobre la posibilidad de que Washington pudiera ser descubierto en su intento de subvertir la democracia electoral en Chile. En su conversación del 14 de septiembre, Rogers predijo con precisión: Sea lo que sea que hagamos, probablemente terminará muy mal. También le sugirió a Kissinger encubrir el rastro documental sobre las operaciones estadounidenses para asegurar que el registro documental no se vea mal.

-Mi sensación -y creo que coincide con la del Presidente- es que debemos incentivar un resultado diferente al de [referencia censurada], pero debemos hacerlo tan discretamente que no nos salga el tiro por la culata –le concedió Rogers a Kissinger.

La conversación continúa:

Kissinger: La única duda es cómo se define “el tiro por la culata”.

Rogers: Que nos descubran haciendo algo. Después de todo lo que hablamos sobre elecciones, si la primera vez que un comunista (sic) gana una elección, Estados Unidos intenta impedir que el proceso constitucional tome su curso, nos vamos a ver muy mal.

Kissinger: El Presidente opina que se debe hacer todo lo posible para evitar que Allende asuma el poder, pero a través de canales chilenos y con un bajo perfil.

El informe de un comité especial del Senado de EE.UU. que a mediados de los ‘70 investigó las operaciones encubiertas de la CIA en Chile, no citó estas transcripciones secretas, a pesar de que son el registro de las primeras conversaciones sustanciales entre Nixon y Kissinger sobre cómo impedir que Allende asumiera el gobierno. En entrevistas con dos miembros de ese comité del Senado que redactaron ese informe -Acciones Encubiertas en Chile,1963-1973-, ninguno recordaba haber visto estos dramáticos documentos, que incluyen una conversación hasta ahora desconocida entre el Presidente Nixon y su Consejero de Seguridad Nacional, Kissinger, respecto de las posibilidades de derrocar a Allende, sólo diez semanas antes del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

La búsqueda de los Telcons

En los días posteriores a la estrecha elección de Salvador Allende como Presidente de Chile el 4 de septiembre de 1970, Henry Kissinger sostuvo una serie de conversaciones telefónicas urgentes sobre “cómo hacerlo” en Chile. No permitiremos que Chile se vaya por el alcantarillado, le dijo Kissinger en una de esas llamadas al director de la CIA, Richard Helms. Estoy contigo, le respondió Helms.

Fue el 15 de septiembre, durante una reunión de 15 minutos en la Casa Blanca a la que asistió Kissinger, cuando el Presidente Nixon instruyó al director de la CIA, Richard Helms, de que la elección de Allende era inaceptable. Fue entonces que ordenó a la agencia actuar con su ya conocida frase hay que hacer gritar a la economía para salvar a Chile, como lo registró Helms en sus apuntes.

La CIA lanzó una campaña masiva de operaciones encubiertas –primero para impedir que Allende asumiera el gobierno, y cuando esa estrategia fracasó, para minar su gobernabilidad. Nuestra principal preocupación en Chile es la posibilidad de que [Allende] se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito, dijo Nixon ante su Consejo de Seguridad Nacional el 6 de noviembre de 1970, dos días después de que Allende iniciara su gobierno.

Las transcripciones de estas conversaciones telefónicas, conocidas como telcons, fueron creadas originalmente por Kissinger, quien grababa secretamente las llamadas que hacía y recibía (y luego pedía a su secretaria transcribirlas) mientras estaba en el gobierno. Cuando Kissinger dejó la Casa Blanca en enero de 1977, se llevó más de 30 mil páginas de transcripciones, aduciendo que eran “documentos personales”, y los usó selectivamente para escribir sus memorias.

En 1999, la organización National Security Archive inició acciones legales para obligar a Kissinger a devolver estos registros al gobierno. A solicitud del analista del Archivo, William Burr, los telcons sobre las crisis de política exterior de comienzos de los ‘70, incluyendo cuatro conversaciones desconocidas sobre Chile, fueron desclasificados recientemente por la Biblioteca Presidencial de Nixon.

El “Tanquetazo” hace vibrar a Nixon

Hasta el momento, la desclasificación de los telcons de Kissinger no ha entregado mucha evidencia de conversaciones telefónicas sobre Chile mientras se desarrollaban las operaciones de la CIA para desestabilizar a Allende en los años que siguieron. Pero a las 11 de la mañana del 4 de julio de 1973, la grabadora clandestina de Kissinger captó otra conversación hasta ahora desconocida con el Presidente Nixon. Menos de una semana después de un abortado Golpe de Estado en Santiago –el tanquetazo del 29 de junio-, Nixon llamó a Kissinger desde su casa de veraneo en San Clemente, California, para hablar sobre Allende y las perspectivas de un pronto derrocamiento de su gobierno.

Nixon: Sabes, creo que ese tipo chileno podría tener algunos problemas.

Kissinger: ¡Ah, tiene tremendos problemas! Definitivamente tiene tremendos problemas.

Nixon: Si sólo el Ejército pudiera lograr tener el respaldo de alguna gente.

Kissinger: Y ese golpe la semana pasada, no tuvimos nada que ver con él, pero igual, parece que salió prematuramente.

Nixon: Es cierto, y el hecho de que haya conformado un gabinete sin militares es, pienso yo, muy significativo.

Kissinger: Es muy significativo.

Nixon: Muy significativo porque esos tipos militares allá son bien orgullosos y tal vez ellos… ¿Cierto?

Kissinger: Sí, pienso que él está definitivamente en problemas.

Sólo diez semanas más tarde, los militares efectivamente derrocaron a Allende en un sangriento Golpe de Estado. El 15 de septiembre de 1973, Nixon llamó a Kissinger nuevamente. Se lamentaron sobre lo que Kissinger calificó como los diarios llorones y la sucia hipocresía de la prensa por concentrarse en la represión de los militares chilenos y las condenas al rol jugado por Estados Unidos. En este telcon, que fue desclasificado en mayo de 2004, Nixon señala:

-Nuestra mano se mantiene oculta en esto.

Y Kissinger replica: No lo hicimos nosotros… Quiero decir, les ayudamos. [Censurado] creó las máximas condiciones posibles… En la era de Eisenhower, seríamos considerados héroes.

miércoles, 30 de julio de 2008

Agustín Edwards Eastman y la CIA

El propietario de El Mercurio supo sacar ventajas de EEUU en favor de su empresa, para variar en crisis también cuando asumió Salvador Allende -por mala gestión endémica. O sea, mató dos pájaros de un tiro: entre 1970 y 1973 convenció a la administración Nixon para intervenir en Chile y obtuvo de la CIA un millón 965 mil dólares, unos 8,5 millones de dólares de hoy.

Un nuevo libro publicado este mes en Estados Unidos aporta -30 años después- el dato de 300 mil dólares "perdidos" de los casi dos millones que El Mercurio recibió directamente de la CIA. Además, documenta otros cien mil de cantidades mayores todavía no determinadas provenientes de corporaciones que colaboraron con la agencia, como International Telegraph and Telephone, ITT.

Los esfuerzos de Edwards por entusiasmar a EEUU para impedir que Allende asumiera el mando de la nación el 3 de noviembre de 1970, y luego para derrocarlo, una vez instalado en la Presidencia, absorben el capítulo "The El Mercurio File" del libro "The Pinochet File", publicado este mes en el país del norte, contribución del académico Peter Kornbluh por desenmascarar las intrigas y conspiraciones secretas de Nixon en Chile y América Latina.

LA CLAVE DEL INTERES EDWARDS

Según Seymour Hersh, en su libro "El Precio del Poder", un día antes de elegido Allende el embajador Edward Korry cablegrafió desde Santiago que Edwards le dijo "haber invertido todo sus ganancias de años en nuevas industrias y modernización que se estropearían si Allende ganara". Korry apostaba a que al día siguiente vencería Jorge Alessandri, pero ganó la Unidad Popular con el 36,3 por ciento. Días después, Edwards llamó al jefe local de la CIA en Santiago, Henry Hecksher, para obtener una reunión más privada con Korry, fuera de la embajada. Korry evoca: "...quiso hacerme sólo una pregunta: `Militarmente, ¿hará algo el gobierno de EEUU -directa o indirectamente?'". Hacer algo militar directamente significa invasión. Korry dice hoy que "mi respuesta fue ¡No!".

Para que sus lectores estadounidenses visualicen mejor a Edwards, por esos años uno de los más ricos de Chile -con negocios bancarios, seguros, bebidas y una larga lista de empresas-, grandes medios de comunicación entre la media docena de corporaciones que controlan la prensa de EEUU, con presencia en Australia e Inglaterra.

Con la desclasificación de miles de archivos secretos de la CIA y de la Casa Blanca ahora existe un valioso banco de datos para comprender mejor cómo el dueño del pretendido émulo latinoamericano del The New York Times colaboró en fomentar el Golpe.

ABLANDANDO A NIXON


Edwards voló a Estados Unidos en cuanto ganó Allende -su hermana Sonia (izquierdista) quedó a cargo del diario- para dedicarse al lobby en la Casa Blanca. En sus memorias "Años de la Casa Blanca", Henry Kissinger anotó que fue frecuentado por Edwards y Donald Kendall, presidente de Pepsi Co., amigo del chileno y uno de los más íntimos de Nixon, además de generoso contribuyente de sus campañas.

El 14 de septiembre, Kendall visitó a Nixon para relatarle sus conversaciones con Edwards. Kissinger, entonces consejero de seguridad nacional, y John Mitchell, fiscal general, desayunaron con Edwards y Kendall al día siguiente, a instancias de Nixon, para escuchar sus propuestas ante la amenaza que significaba Allende. Kissinger llamó también al director de la CIA, Richard Helms, para que escuchara "la visión de Edwards" sobre Allende. Se encontraron en un hotel de Washington.

Lo que Edwards le dijo al director de la CIA fue "top secret" durante 30 años. Pero ahora, desclasificado el memorándum CIA "Discusión sobre la Situación Política chilena", el nombre de Edwards aparece tachado, aunque el texto deja claro que no pudo tratarse más que de una reunión Helms-Edwards por las alusiones al cónclave con Kissinger, asegura Kornbluh. El memorándum revela que Edwards promovió operaciones encubiertas estadounidenses orientadas a un golpe militar para detener a Allende antes de asumir la presidencia.

El memorándum registra que el chileno informó porqué Alessandri perdió la elección y "la posibilidad de una solución constitucional" -esquema inicial de la embajada de EEUU- mediante sobornos CIA a diputados chilenos que proclamarían a Alessandri, el segundo, en lugar de Allende, el ganador, posibilidad permitida por la Constitución de 1925 y factor desencadenante del asesinato del comandante en jefe del Ejército, general René Schneider. Alessandri renunciaría, habría nuevas elecciones y ganaría el democristiano Eduardo Frei Montalva, presidente saliente pero habilitado legalmente porque no sería una "re-elección".

El memorándum también registró probables riesgos de las "tesis edwardianas":

1. Si el esquema no funcionaba, ¿entonces, que? ...

2. Algunos diputados podrían actuar demasiado rápido o anunciar prematuramente su intención, gatillando "manifestaciones callejeras de los comunistas".

3. El general jubilado Roberto Viaux, cabecilla del intento de golpe de octubre de 1969 (contra Frei) [hay otro nombre tachado] o "algún otro prospecto" podría intentar un golpe y abortar cualquier esfuerzo por otro en serio.

El memo CIA registró también que Helms/Edwards consideraron otras opciones en el "Cronograma para una posible acción militar". Así se gestó la reunión de 15 minutos en la Oficina Oval, la tarde del 15 de septiembre, en que Nixon emitió su ahora célebre orden para fomentar la acción militar que impediría a Allende llegar a La Moneda, registrada para la historia en los garabatos manuscritos de las notas de Helms: "¡Quizás, 1 en 10 oportunidades, pero hay que salvar a Chile!... No importan los riesgos involucrados... US $10.000.000 disponibles, y más si es necesario. Trabajo a tiempo completo -con nuestros mejores hombres. Hacer chillar la economía". Años después, cuando testificó bajo juramento ante el Comité investigador del senador Church, Helms declaró: "Tengo la impresión que el Presidente llamó a esta reunión, en que yo escribí mis notas a mano, debido a la presencia de Edwards en Washington y eso... Edwards estuvo informándonos sobre las condiciones en Chile".

FINANCIANDO EL MERCURIO

Tres días después de instalado Allende en La Moneda, Nixon emplazó -6 de noviembre- a su Consejo de Seguridad Nacional a discutir una mejor estrategia para herirlo. ¡"Derróquelo!", recomendó su secretario de Estado, William Rogers. Kissinger presentó cinco puntos diseñados por la CIA para desestabilizar la capacidad de Allende de gobernar. El número 4 se titula "Asistencia a ciertos periódicos usando a los medios de comunicación de Chile capaces de criticar al gobierno de Allende".

La ayuda a los medios de comunicación del grupo Edwards empezó antes que asumiera Allende. Una tarde de septiembre de 1970 altos funcionarios de la Administración Nixon cabildeaban en secreto ante las compañías estadounidenses y las instituciones financieras "para hacer chillar la economía de Chile", según las instrucciones del Presidente. El embajador Korry intercedió ante uno de los acreedores norteamericanos de El Mercurio, First NCB, para que fuera indulgente con las deudas de Edwards. "He hablado de nuevo [a] aquí con el gerente de First NCB", informó Korry en un mensaje Top Secret/Eyes Only del 25 de septiembre. "¿Por qué están poniendo a El Mercurio contra la pared? Le dije que no me gustaría informar a la Casa Blanca de esta acción extraña que podría tener sólo el efecto de amordazar a la única voz libre de Chile". Korry aseguró que el gerente "cambiaría rápidamente su melodía con El Mercurio".

Para variar, El Mercurio estaba en dificultades financieras con sus acreedores. Las instrucciones de Nixon de "hacer chillar la economía" (15/9/70) y de un asedio invisible contra las transacciones económicas bilaterales y multilaterales en Chile también afectaban la salud financiera de los grandes negocios. La fortaleza del sindicato izquierdista del diario y el recorte del flujo de publicidad del gobierno -a consecuencia de una ley aprobada por un Congreso controlado por la oposición- inspiraron a Edwards para "denunciar" inexistentes intentos de cerrar deliberadamente los medios de comunicación de oposición. La libertad de prensa fue entonces el tema número uno en los ataques de la propaganda de la administración de Nixon contra Allende.

A comienzos de septiembre de 1971, un emisario de El Mercurio se acercó a la estación de la CIA -al parecer en Santiago- a pedir fondos. El día 8, la CIA pidió un millón de dólares al Comité de los 40 -la agrupación secreta de altos funcionarios liderada por Kissinger para vigilar las "operaciones encubiertas". El Mercurio podría así sobrevivir uno o dos años. La CIA aseguró que "sin ese apoyo financiero el diario cerraría antes de fin de mes, aunque este cierre sería por razones económicas". También afirmaba que "no hay ninguna duda que estos problemas financieros han estado inspirados políticamente".

"SUBIENDOSE POR EL CHORRO..."

Las demanda de la CIA encendieron un debate interno en la cerrada fábrica de la política estadounidense. Otro papel presentado a Kissinger como "Secret/Sensitive/Eyes Only", ahora desclasificado, propuso dos "opciones básicas":

1: Proporcionar urgentes 700 mil dólares iniciales a El Mercurio "para asegurarle el papel", fabricado entonces por La Papelera del grupo Matte y Jorge Alessandri y falsamente amenazado por Allende y "las obstrucciones obreras".

2: Cerrar El Mercurio (unilateralmente) y aullar al máximo por la libertad de la prensa, con "denuncias" a nivel mundial contra "el régimen marxista".

Para la CIA, la segunda opción era muy arriesgada porque "Allende podría demostrar que el cierre se producía por la ineptitud financiera de El Mercurio", o sea, la vieja historia de mala gestión Edwards. El jefe de la estación CIA y el embajador Korry votaron porque se diera plata, mientras otros burócratas creían que un millón de dólares era "un precio muy alto por tan poco tiempo de sobrevivencia" porque nunca pusieron en duda el cuento de que Allende iba a cortar el papel.

El Mercurio, efectivamente, dejó de salir un par de días, alegando "falta de papel", pero por su propia decisión. Entonces pareció una maniobra más en la campaña internacional CIA en favor de "la libertad de prensa", cuando el entonces monopolio del papel -Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones- lo detentaban Eleodoro Matte Ossa y Jorge Alessandri Rodríguez, ambos allegados y "protectores" de Edwards. Cualquier día "La Papelera", o la CMPC, amanece como dueña de El Mercurio por la deuda sempiterna de su diario favorito.

El gobierno de Allende nunca tuvo nada que ver con la CMPC, que siempre fue privada, aunque abusó de su posición monopólica protegida o tolerada por todos los gobiernos, incluso el de la UP (ver anexo sobre Allende y la libertad de expresión en www.elperiodista.cl). Pero hoy los papeles ex secretos hacen vislumbrar una segunda intención de Edwards en la movida de la auto clausura: ablandar y presionar a EEUU para que soltara más dinero. La sabia técnica de "dos pájaros de un tiro".

Los documentos muestran que Nixon autorizó personalmente los primeros fondos encubiertos por 700 mil dólares, el 14 de septiembre de 1971. Kissinger le dijo a Helms que el Presidente estaba dispuesto a más, con tal de "sostener el periódico".

La fuerza de la decisión presidencial estimuló a Helms a autorizar a la División CIA Hemisferio Occidental a "exceder los 700 mil, incluso por encima del millón de dólares, para garantizar el almacenamiento de papel supuestamente escaso.

En otra decisión, al parecer, guardada confidencialmente por los investigadores del Senado en 1974-75 y tachada cuando la CIA y el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) la desclasificaron, Kissinger aceptó personalmente una entrega adicional por 300 mil dólares.

Tanto dinero no era suficiente para saciar la voracidad del diario de Edwards. En abril de 1972, la CIA pidió otro "adicional" de 965 mil con el argumento mendaz de que Allende seguía amenazando el flujo de papel, cuando el problema real era la insolvencia financiera de la empresa. Otro memorando "top secret" informó a Kissinger que se trataba de "un préstamo" para cubrir el déficit mensual de la publicación hasta marzo de 1973 y "mantener un fondo de contingencia para [tachado], emergencias como requisitos del crédito, nuevos impuestos y otras deudas bancarias que podrían conocerse a corto plazo".

Según los argumentos CIA, ese dinero era "esencial" para que El Mercurio favoreciera a los candidatos de oposición respaldados por la agencia en las elecciones legislativas de marzo de 1973, donde Allende obtuvo más del 40 por ciento del apoyo popular.

Un memorando de conversación, del 15 de mayo de 1972, entre el CIA Jonathan Hanke y el ITT Hal Hendrix, da cuenta de un depósito por 100 mil dólares a favor de Edwards. "(Hendrix) me dijo que el dinero para el grupo Edwards pasó por una cuenta suiza", informó Hanke a sus superiores. Los agentes de la CIA lo escribían todo.

RECUADRO

Hitos del "Proyecto Mercurio"

" Edwards comenzó a cabildear "preventivamente" en EEUU antes que Allende fuera elegido -el 4 de septiembre de 1970- como jefe de Estado. Abogó por una intervención estadounidense agresiva. En marzo de 1970 le dijo al magnate David Rockefeller que "los Estados Unidos deben prevenir la elección de Allende", según su autobiografía publicada en 2002.

" Antes que Allende asumiera -el 3 de noviembre de 1970- discutió con la CIA "el cronograma para una posible acción militar" que impidiera la asunción.

" El gobierno de Nixon autorizó casi dos millones de dólares para fortalecer a El Mercurio, una suma estratosférica en el mercado negro de la época.

" Un cable secreto de la CIA de mediados de 1973 identifica a El Mercurio como "el partidario más ferviente de la oposición" de una intervención militar para deponer a Allende.


jueves, 22 de mayo de 2008

Ultimo Discurso

Santiago de Chile,11 de septiembre de 1973
7:55 A.M.
Radio Corporación

Habla el Presidente de la República desde el Palacio de La Moneda.
Informaciones confirmadas señalan que un sector de la marinería habría aislado Valparaíso y que la ciudad estaría ocupada, lo que significa un levantamiento contra el Gobierno, del Gobierno legítimamente constituido, del Gobierno que está amparado por la ley y la voluntad del ciudadano.
En estas circunstancias, llamo a todos los trabajadores.
Que ocupen sus puestos de trabajo, que concurran a sus fábricas, que mantengan la calma y serenidad.
Hasta este momento en Santiago no se ha producido ningún movimiento extraordinario de tropas y, según me ha informado el jefe de la Guarnición, Santiago estaría acuartelado y normal.
En todo caso yo estoy aquí, en el Palacio de Gobierno, y me quedaré aquí defendiendo al Gobierno que represento por voluntad del pueblo.
Lo que deseo, esencialmente, es que los trabajadores estén atentos, vigilantes y que eviten provocaciones. Como primera etapa tenemos que ver la respuesta, que espero sea positiva, de los soldados de la Patria, que han jurado defender el régimen establecido que es la expresión de la voluntad ciudadana, y que cumplirán con la doctrina que prestigió a Chile y le prestigia el profesionalismo de las Fuerzas Armadas.
En estas circunstancias, tengo la certeza de que los soldados sabrán cumplir con su obligación. De todas maneras, el pueblo y los trabajadores, fundamentalmente, deben estar movilizados activamente, pero en sus sitios de trabajo, escuchando el llamado que pueda hacerle y las instrucciones que les dé el compañero presidente de la República.
Trabajadores de Chile:
Les habla el presidente de la República. Las noticias que tenemos hasta estos instantes nos revelan la existencia de una insurrección de la Marina en la Provincia de Valparaíso.
He ordenado que las tropas del Ejército se dirijan a Valparaíso para sofocar este intento golpista. Deben esperar la instrucciones que emanan de la Presidencia.
Tengan la seguridad de que el Presidente permanecerá en el Palacio de La Moneda defendiendo el Gobierno de los Trabajadores. Tengan la certeza que haré respetar la voluntad del pueblo que me entregara el mando de la nación hasta el 4 de Noviembre de 1976.
Deben permanecer atentos en sus sitios de trabajo a la espera de mis informaciones. Las fuerzas leales respetando el juramento hecho a las autoridades, junto a los trabajadores organizados, aplastarán el golpe fascista que amenaza a la Patria.
Compañeros que me escuchan:
La situación es crítica, hacemos frente a un golpe de Estado en que participan la mayoría de las Fuerzas Armadas. En esta hora aciaga quiero recordarles algunas de mis palabras dichas el año 1971, se las digo con calma, con absoluta tranquilidad, yo no tengo pasta de apóstol ni de mesías.
No tengo condiciones de mártir, soy un luchador social que cumple una tarea que el pueblo me ha dado.
Pero que lo entiendan aquellos que quieren retrotraer la historia y desconocer la voluntad mayoritaria de Chile; sin tener carne de mártir, no daré un paso atrás.
Que lo sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y defenderé el Gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado.
No tengo otra alternativa.
Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo.
Si me asesinan, el pueblo seguirá su ruta, seguirá el camino con la diferencia quizás que las cosas serán mucho más duras, mucho más violentas, porque será una lección objetiva muy clara para las masas de que esta gente no se detiene ante nada.
Yo tenía contabilizada esta posibilidad, no la ofrezco ni la facilito. El proceso social no va a desaparecer porque desaparece un dirigente. Podrá demorarse, podrá prolongarse, pero a la postre no podrá detenerse. Compañeros, permanezcan atentos a las informaciones en sus sitios de trabajo, que el compañero Presidente no abandonará a su pueblo ni su sitio de trabajo. Permaneceré aquí en La Moneda inclusive a costa de mi propia vida.

9:03 A.M.
Radio Magallanes

En estos momentos pasan los aviones.
Es posible que nos acribillen.
Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por mandato conciente de un Presidente que tiene la dignidad del cargo entregado por su pueblo en elecciones libres y democráticas.
En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la Patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen.
Esta es una etapa que será superada.
Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten.
Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores.
La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.
Pagaré con mi vida la defensa de los principios que son caros a esta Patria.
Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltando a su palabra... rota la doctrina de las Fuerzas Armadas.
El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni debe dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.

Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes.
La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Postales y Radio Corporación.
Mis palabras no tienen amargura sino decepción
Que sean ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha autodesignado comandante de la Armada, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, y que también se ha autodenominado Director General de carabineros.
Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar!
Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo.
Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.
Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi Patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo.
En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unidos a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el general Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios. Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la abuela que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños.
Me dirijo a los profesionales de la Patria, a los profesionales patriotas que siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clases para defender también las ventajas de una sociedad capitalista de unos pocos.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha.
Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las vías férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de proceder.
Estaban comprometidos.
La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo.
Siempre estaré junto a ustedes.
Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse.
El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino.
Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse.
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile!
¡Viva el pueblo!
¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Historia

sábado, 17 de mayo de 2008

Allende: "Si quedo herido, pégame un tiro"


El médico Danilo Bartulín, que vivió los últimos momentos del presidente, reconstruye el asalto golpista a La Moneda .



El palacio de la Moneda ardía por los cuatro costados después del intenso bombardeo golpista y los milicos insurrectos ya asomaban sus fusiles por las esquinas de la calle Morande, convencidos de que ese día, 11 de septiembre del año 1973, habrían de detener al vendepatrias comunista atrincherado en el edificio bajo asedio. En uno de los salones, el presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, disparando con la metralleta regalada por Fidel Castro, pidió un último favor a Danilo Bartulín: "Tú has sido mi mejor y más leal amigo. Si quedo herido, pégame un tiro". "Usted es el último que debe morir aquí. Antes moriremos nosotros", le respondió Bartulín.

La traición se había adueñado de la marina en Valparaíso y después de los cuartos de banderas de todo el país. La escuadrilla que atacaba la sede del Gobierno en Santiago efectuó 14 pasadas sobre el edificio donde resistían el presidente y 32 fieles, y las 28 bombas lanzadas por los cazas redujeron a escombros parte de sus instalaciones, y las esperanzas de los combatientes.
Las tropas encargadas de expugnar el edificio obedecían al general Augusto Pinochet, que había sido nombrado jefe del ejército por sus méritos en la represión del golpe del 29 de julio contra el Gobierno socialista de la Unidad Popular.
Hacia las diez de la mañana del 11 de septiembre, un edecán militar comunicó que Pinochet estaba dispuesto a enviar un vehículo para trasladar al presidente ante su presencia.
Danilo Bartulín, entonces con 33 años -médico personal de Allende, su confidente político y amigo del alma, miembro de la dirección del Grupo de Amigos Personales (GAP)-, recuerda la contestación del hombre que perdería la vida sin haber renunciado a la Presidencia. "Dile esto: que un presidente digno recibe en la Presidencia; si quiere parlamentar, que venga él aquí".
Nunca pudo hablar con Pinochet, ni con el generalato alzado contra su Administración.

"Allende, con el casco puesto, estaba tranquilo, muy sereno, pero decepcionado. Los edecanes militares de La Moneda le dijeron: 'Mire, todas las Fuerzas Armadas están en el golpe, así que renuncie'.
Él les responde: 'Ustedes pónganse a disposición de sus mandos, que yo me quedaré aquí como presidente'. Poco antes transmitiría por Radio Magallanes el discurso de la despedida; el pliego de cargos contra la deslealtad castrense, las ambiciones de la oligarquía nacional y su sometimiento a Washington: '¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo (...). Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor".
Allende murió sin saber si su voz había sido escuchada. El bombardeo se anunció para las once y comenzó diez minutos antes del mediodía. "La primera bomba me tiró al piso [suelo] y los cristales me hicieron un corte en la mano", dice Bartulín.
¿Por qué el golpe? "Quizá el proceso de reformas fue demasiado rápido", afirma el médico de Allende, que salvó la vida milagrosamente después de año y medio de detención y salvajes torturas. El exilio le llevó a México 10 años y otros 20 a Cuba, dedicado al comercio exterior.
Salvador Allende había ganado las elecciones de 1970, en coalición con los comunistas y otros partidos menores, y durante los primeros 1.000 días de su mandato ejecutó cambios que levantaron ampollas entre el empresariado y la burguesía militar y civil: nacionalizó la banca, estatalizó los sectores claves de la economía y ejecutó una redistribución agraria que en un solo año expropió más de dos millones de hectáreas. Estados Unidos, todavía en guerra fría con la URSS, bajó el pulgar.
Richard Nixon ocupaba la Casa Blanca; Henry Kissinger, el Departamento de Estado, y George Bush, padre, estaba al frente de la CIA. "Imagínese el trío", subraya Bartulín. La ultraizquierda oficialista también presionaba para imponer sus políticas en el precario Gobierno de la Unidad Popular.
Los efectos de la pinza nacional y extranjera, y la complicidad de los sectores de la Democracia Cristiana que supieron de la conspiración cuartelera, fueron fulminantes; también pesó la decisión de Allende de comunicar a Pinochet, en quien confiaba entonces, de su decisión de convocar un plebiscito sobre su mandato.
Los conjurados aceleraron la insurrección para impedirlo. "La mañana del bombardeo, Allende nos reunió a todos en el salón de conferencias y ceremonias de La Moneda. Estábamos unas 60 personas, pero nos quedamos 33.
Nos dijo: "Tiene obligación de quedarse conmigo solamente mi guardia personal y, si quieren, todo aquel que tenga un arma y sepa disparar".
Danilo Bartulín era uno de los jefes de la guardia personal.
Usaba pistola. Aquel día llevaba dos. Los helicópteros ya ametrallaban el pétreo palacio neoclásico inaugurado dos siglos atras. "Allende dice: 'Vamos a buscar los sitios de defensa: los balcones, las ventanas, donde se pueda disparar". Bartulín se despidió por teléfono de sus tres hijos, de diez, nueve y ocho años. "Papá, ¿y la guardia de palacio?, ¿y los generales amigos?". No los había.
El presidente y su colaborador se cobijaron entre dos gruesos muros, cerca de la cocina. "Allende me pide un pedazo de pan. Le doy el pedazo de pan, y como había unos pollos troceados, le dije: 'Doctor, voy a cocinar porque a lo mejor no bombardean nunca'. Lo hicieron pronto.
La escuadrilla de Hawker Hunter bombardeó a placer al filo de las doce y durante media hora. Los dos amigos, que se habían hermanado políticamente desde los años de activismo universitario, se acurrucaron juntos para guarecerse de los impactos y ondas expansivas que derrumbaron paredes y activaron incendios en los cuatro puntos cardinales de la edificación gubernamental.
Los sitiadores lanzaron bombas lacrimógenas, los sitiados se colocaron las máscaras antigás, y la gente con instrucción castrense disparó bazucas y ametralladoras pesadas sobre el escuadrón de blindados desplegado por los accesos de La Moneda.
Bartulín cita al presidente impartiendo órdenes, dispuesto al martirio por la causa: "¡Que todo el mundo dispare. No hay rendición!".
Las bombas no mataron, pero su efecto fue demoledor sobre el ánimo de algunos leales. Doce días antes, el presidente se había reunido con dirigentes de la Democracia Cristiana, en casa del cardenal Raúl Silva, para tratar de evitar el alzamiento.
Salió de la reunión abatido: "Esa gente no quiere nada". Todo indica que los democristianos ambicionaban la presidencia de la república, de manos de los militares, para Eduardo Frei Montalva.
El fiel asesor de Allende, el colaborador al tanto de sus entrevistas, agenda y cavilaciones, tuvo una idea para abortar la asonada: movilizar a la opinión pública internacional.
"Doctor, nos está quedando una única salida.
Usted toma un avión y se va a la Cumbre de Argel [Conferencia del Movimiento de los Países No alineados], y luego se va a Roma y habla con el Papa", le aconsejó Bartulín.
Allende había sopesado esa opción, y, durante una semana, un avión estuvo listo para despegar hacia Argel, pero los partidos no autorizaron el viaje del presidente al extranjero.
"Después del bombardeo llega un momento en que la gente que estaba en La Moneda me pide que hable con el presidente para que se rinda", revela Danilo Bartulín.
El médico Arturo Girón, y Eduardo Paredes, ex jefe de la policía civil, junto con el responsable militar del GAP, conocido como Carlos, piden a Bartulín que convenza a Allende de la inutilidad de la resistencia. La Moneda era una pira, y el agua de las cañerías reventadas por la metralla caía por las escaleras e inundaba los salones y estancias de palacio, sometido a fuego cruzado. No había por dónde disparar, y los militares estaban encima. "Presidente, me hablaron para decirme que perder una batalla no es perder la guerra, y que la situación es insostenible. Allende me dijo que sí, que aceptaba la rendición".
Los médicos atan un delantal blanco a una escoba y lo enseñan por una ventana. No hubo tiempo para más. Los pelotones irrumpen por la puerta del número 80 de la calle Morande. Bartulín es detenido porque se encontraba junto a ese acceso y, boca abajo, es molido a culatazos. Allende se batía en la segunda planta, y el general Javier Palacios fue por él. Afirmó que se había suicidado. "Cualquier versión es defendible, también la del asesinato. No hay testigos presenciales", subraya Bartulín.
El posterior calvario del joven chileno de origen yugoslavo que jugaba al ajedrez con Allende hasta la madrugada, que fue su mensajero en tareas políticas confidenciales y que estuvo a su lado hasta el final, sí tuvo testigos. Durante meses le aplicaron corrientes eléctricas desnudo sobre un jergón, simularon su fusilamiento, le reventaron a golpes y mil veces creyó morir a manos de unos verdugos que disfrutaron supliciándole: "Tenías que haber envenenado al Chicho [Allende]. Serías famoso".
La única notoriedad ambicionada por Danilo Bartulín fue la resultante de su lealtad al legado de Salvador Allende, del que nunca abdicó.



Danilo Bartulín:
"Peor de lo que fue no pudo ser"
Uno de los más directos colaboradores de Allende recuerda el 11 de septiembre de 1973 en Chile


Danilo Bartulín fue médico y amigo personal de Salvador Allende. Su imagen ha pasado a la historia gracias a las últimas fotografías en las que aparecía vivo el presidente chileno, el 11 de septiembre de 1973. A su lado, su estrecho colaborador Danilo Bartulín tuvo que vivir una amarga experiencia que, tras años de silencio, ha rememorado para EL PAÍS. En la actualidad vive en el exilio, después de haber padecido el horror de las cárceles chilenas. Alejado de la actividad política, se mantiene atento al proceso que vive su país y que puede poner fin, dice, a "15 años de pesadilla".
Pregunta. ¿En qué momento fueron ustedes conscientes del significado de aquel 11 de septiembre de 1973?
Respuesta. A las 3.30 de la madrugada estábamos en la residencia presidencial. Teníamos una reunión en la que estudiábamos la posibilidad de un golpe para dentro de unos días. La primera información que llegó es que había un levantamiento parcial de la Marina en Valparaíso. Cuando vimos que la cosa no estaba clara, nos fuimos a La Moneda, a eso de las siete de la mañana. Allende habló por radio a las 7.30 y explicó lo que pasaba. Poco después hablan ya en la radio los militares de la Junta y llega el primer bando de los cuatro generales.
P. En ese momento, ¿se dan cuenta de lo que se avecina?
R. Hasta el final, creímos que había solución. La Junta Militar anunció el bombardeo del palacio de La Moneda para las once. Éramos sólo unos 30, pero no podían acercarse por tierra. Allende pidió una tregua para que salieran los civiles, las mujeres -entre las que estaban dos de sus hijas- y los carabineros que lo desearan. Nos reunió a todos y nos dijo que no se iba a rendir y que sólo tenían la obligación de quedarse con él su guardia personal y todo aquel que tuviera un fusil y supiera disparar. Nosotros teníamos bastantes armas, por eso no pudieron tomar por tierra La Moneda y tuvieron que bombardearla. Las famosas fotos en las que yo aparezco junto a Allende en La Moneda están tomadas antes de que saliera esta última gente. A los fotógrafos les quitaron los carretes, pero se salvó uno.
P. Sin embargo, la resistencia fue inútil.
R. Llega un momento, a las 11.30, en que no tenemos información de nada. Pensábamos que a lo mejor se habían decidido a no hacer el bombardeo. A las 11.55 cae la primera bomba. Cayeron 28 bombas, en 14 pasadas de los aviones. Empezó el incendio. Caía agua. Seguíamos disparando, tal y como ordenaba Allende. Él me envió a ver si a través de un citófono conectado con el exterior podíamos tener noticias. Era muy difícil respirar, porque tiraron bombas lacrimógenas. En ese instante entraron por el Patio de Invierno 30 soldados disparando y golpeando a todos con las culatas. En realidad, fui el primer preso de La Moneda, ya que me cogieron abajo intentando conectar con el exterior. Lo último que recuerdo de Allende es cuando me dijo: "Tú eres mi mejor y más leal amigo. Si yo quedo herido, pégame un tiro".
"Disparó hasta el final"
P. ¿Esa fue la última vez que vio a Allende vivo?
R. En efecto, porque a mí me sacaron al exterior y me tumbaron. Desde el suelo vi que iba saliendo todo el mundo, pero Allende no bajó. Subieron a por él. Según el relato que los mismos militares hicieron con posterioridad, Allende disparó hasta el final, murió con el cargador vacío. Después se propagó la versión de su suicidio. Hay una foto en la que aparece sentado en un sillón en una posición inverosímil. La autopsia reveló doble dirección de los disparos mortales. Es ridículo creer que se pudiera disparar dos veces con un fusil desde tan cerca. Lo prepararon para que pareciera una foto de suicida. La autopsia se hizo en el Hospital Militar. A nadie le dejaron ver el cadáver, aunque algunos médicos dijeron que tenía más de 50 balazos.
P. ¿En ningún momento se barajó la idea de intentar salvar la vida de Allende?
R. En varias ocasiones. Yo consideraba que era mejor Allende vivo que muerto. Teníamos incluso un plan previsto para poder salir con él y encerrarnos en una población popular. Sin embargo, Allende pensaba que La Moneda era el símbolo del poder constitucional y que no se podía ceder. Dudó varias veces en utilizar el operativo, pero no quiso hacerlo. A lo mejor eso hubiera cambiado la historia de Chile. Peor de lo que fue no pudo ser.

domingo, 20 de enero de 2008

La última entrevista de Patricia Verdugo


“El periodismo que me enseñaron no me dejó escapatoria”
“La gran periodista Patricia Verdugo murió el domingo pasado, 13 de enero, a las diez y media de la noche, en el Hospital Clínico de la Universidad Católica. Su último y sencillo orgullo fue saber que podía “mirar a los hijos a los ojos, cuando la pregunta es: mamá, papá, ¿qué hiciste tú en ese tiempo? Mirarlos a los ojos”.
Estaba sentada en la terraza, junto a una mesa redonda con mantel blanco, vasos de agua, papeles, periódicos. En la puerta debe estar todavía un letrero que dice Casa Mater y "Bienvenido al territorio libre de mi casa".
Con una voz sedada y sedante, sonrió: "Espero que pueda hacerla bien". Se refería a esta entrevista.
Tenía 60 años recién cumplidos, era un ícono del periodismo chileno y había tenido una vida de novela. "Todo puede cambiar dijo , los maridos, los países, las casas, pero los hijos son para siempre". Dos de sus hijos murieron, muy pequeños, y Felipe fue encargado desde el principio al ángel de la guarda. "Cuando volví de la clínica me quedé mirando a Felipe para ver que respirara... Y entonces decidí: yo no puedo controlar nada de la vida, no puedo ni siquiera retener la vida de mis hijos, y por tanto, Señor, cuídalo, ángel de la guarda, cuídalo. Y que sea lo que tenga que ser. De ahí en adelante ¡son tan libres! que no se le ocurrió nada mejor a Felipe, y después a Diego, ¡que correr en motocross! Pero la libertad es clave, amarlos libremente. Y eso parte con ama a los demás como a ti mismo "
De los preceptos cristianos, ¿ese es el que más te impresiona?
No. La palabra más importante es "hágase Tu voluntad". Para entregarte, para confiar.

LENTES AHUMADOS Y LOS ZARPAZOS DEL PUMA
Patricia trabajaba en la revista "Ercilla" y tenía dos niños cuando su padre, Sergio Verdugo fue secuestrado por efectivos de la Dirección de Inteligencia de Carabineros. Varios días después, su cuerpo fue encontrado en el río Mapocho con huellas de tortura. Entonces comenzó la investigación periodística más importante de su vida. Era julio de 1976. Dos décadas más tarde diría: "Nosotros hicimos todo lo posible".
Luego de tres libros quemantes, "Una herida abierta" (1979), "André de la Victoria" (1984) y "Quemados vivos" (1986), una tarde de 1989, "Los zarpazos del puma" estaba en la calle.
La verdad estallaba.
Patricia Verdugo había escrito esa historia, y lo había hecho con el dramatismo exacto, con la precisión de una obra maestra; sólo que todo era rigurosamente cierto. Una amiga la llamó: "Ven inmediatamente". Ya en la boca del Metro escuchó los gritos, el título de su libro del que se vendieron 100 mil copias sólo en las primeras semanas.
"Me dio susto. Me dio tanta sensación de terror, que saqué mis anteojos ahumados y me los puse, como si alguien pudiese reconocerme. Cuando yo podía caminar por el medio de la Alameda entre todos los libros, y nadie hubiera dicho ahí va la autora, pero igual me puse los anteojos ahumados para pasar entre todos, porque me daba pudor. Eso, pudor".
Tú siempre hubieras sido una periodista notable. Pero el asesinato de tu padre fue un vuelco...
El asesinato de mi padre me hizo más sensible a lo que sienten los otros. Quizás yo puedo haber aprendido a escribir mejor, para poder compartir eso. Porque ¡cómo decirles a los otros lo que significa eso!
¿Toda la vida fuiste súper woman, de no desmayar y no temer, o temer y pasar por encima del miedo?
Es que alguna vez, ante una amenaza más concreta, oí decir "vámonos al exilio", pero entre llorar con otros chilenos en Austria, ¡yo prefería llorar aquí...! Fue tan fuerte, tan fuerte, la fraternidad que hubo entre los que dábamos la lucha como pudiéramos... Yo creo que en el momento clave de la historia de los seres humanos se abren dos posibilidades: ser una buena persona, ética y moral, o ser un canalla. Cuánto lamento los que cruzaron la puerta de ser canallas, pero yo sé lo que se siente de cruzar la puerta de ser, de tratar de ser ético. Es una gran felicidad. Te permite mirar a los hijos a los ojos, cuando la pregunta es "mamá, papá, ¿qué hiciste tú en ese tiempo?". Mirarlos a los ojos.
En "Bucarest 187" dices: "Nosotros hicimos todo lo posible".
Sí. Eso no tiene que ver con Aylwin, sino con los familiares de las víctimas. Hicimos todo lo posible a pesar de que había un Presidente que creía que la justicia tenía medida, cuando la justicia es justicia y punto.
¿Cómo abrieron la puerta ética en una revista censurada?
En todas las revistas disidentes, algo siempre se quedó en el tintero de la censura. Pensábamos que se podía traspasar el límite, y entonces los directores tenían que medir, un mes de clausura, dos meses. Por eso yo no pude entender, cuando estalló el caso Arellano, cómo la revista "Hoy" mientras "Apsi" y "Análisis" lo llevaban en portada , pasó dos o tres semanas sin mencionarlo, porque el director era amigo del hijo de Arellano. ¡Imagínate! Me fui de "Hoy".
Las mujeres periodistas cumplieron un rol muy importante en este tiempo.
Como no podíamos hacer reportajes, ni emitir opiniones, todo se redujo durante un tiempo a puras entrevistas. ¿Cómo hacer la pregunta que permitiera que el general o el coronel dijera, se acercara, a lo que uno quería que contara? A un general, a un coronel, una periodista mujer le baja la guardia. Ya no es un soldado del periodismo el que entró. No. Es una mujer. Una mujer con quien a él le han enseñado a ser galán, amable. No lo puede evitar. Y, además, tiene que ser valiente. Si ella pregunta algo atrevido, él no puede quedar en menos. Jugamos a ese juego durante un tiempo, incluida la revista "Cosas". En los "setenta", el periodismo es nada más "que lo digan ellos", "ellos lo dijeron". Incluso los hacíamos revisar y firmar sus entrevistas.
¿La investigación sobre la muerte de tu padre fue un trabajo extremo?
Yo no quería hacerla. No podía hacerla. Pero nadie hizo el caso de mi papá. Qué habría dado porque una de mis amigas periodistas lo tomara. Hubo un momento en que había una jueza de probada honestidad, Dobra Lusic, y además un policía Héctor Arenas que se creía el rol del policía que tiene que encontrar la verdad, como en las películas. Y fui a Canadá para intentar que se extraditara al hombre que yo creo fue el hechor material...
Hasta ese punto llega tu libro "Bucarest 187".
Después pasaron otras cosas. El caso quedó cerrado por Amnistía. Simplemente hay un almirante, Troncoso, y un general, Brown Galleguillos, que están libres por las calles y no les ha pasado nada, no han tenido ni una hora de detención, y ellos participaron en el crimen de mi padre.
Tú cuentas en "Bucarest" que en las misas de la Vicaría de la Solidaridad se rezaba tanto por las víctimas como por los victimarios...
Todos eran víctimas, es verdad. Pero la impunidad es la violencia invisible de Chile. Estamos rodeados de hechos que producen ira. Duele estar pagándoles la pensión todos los meses a los que mataron a mi papá, a los que torturaron. Uno dice: perdón, ¿de qué se trata todo esto? Y esto tiene una razón política, la impunidad no es una casualidad, es el resultado del pacto. Tal como acaba de develarse que Lagos y la derecha hicieron un pacto para el indulto de los militares y no nos enteramos en su momento; fue un secreto de Estado. Bueno, así también hubo un pacto para que Pinochet no fuera tocado. O sea, Pinochet, de acuerdo a eso, debió morir como senador vitalicio. Fuimos nosotros los que les echamos a perder la fiesta... Que alguien de la UDI crea que salvó al país del marxismo, es obvio, pero que alguien del Partido Socialista vote por cosas que benefician a la UDI en materia de impunidad respecto a sus compañeros asesinados, eso es lo que no tiene explicación.
¿Cómo ves al país ahora?
Yo lo veo tenso; uno podía predecir un aumento de la delincuencia y de la impunidad de los delincuentes, a partir de la impunidad de Pinochet. ¡Cómo robaron, cómo mataron, y no tienen castigo! El castigo que estaba llegando a algunos era porque ya venía el indulto: no se preocupe, general; no se preocupe, coronel, le va a tocar a lo más un año; dos, porque ya viene el indulto. Nosotros no sabíamos. Nosotros celebrando que se haría justicia...
En la grabadora sonó un clic y Patricia preguntó la hora. Eran las doce, yo iba a esperar a un radiotaxi, ella iba al médico. Cuando nos despedimos, la escritora de "Los zarpazos del puma" me tomó las manos. Cartera al hombro, ojos negros y brillantes, sonrió guapa y tranquila, y me dijo con una voz bajita: "Dame energía".

viernes, 20 de abril de 2007

La desconocida faceta empresarial de Salvador Allende




Entre 1951 y 1958, el ex Mandatario socialista no sólo fue senador por Tarapacá y dos veces candidato a la Presidencia de la República, además participó en la propiedad de la compañía Pelegrino Cariola y llegó a la presidencia del directorio de Vibrocret.


Marily Lüders y Bernardita Aguirre

Accionista y director de una empresa privada dedicada a la importación y exportación, y presidente del directorio de una compañía de materiales de construcción fue en la década del 50 el ex Presidente Salvador Allende.

"El Mercurio" descubrió documentos que revelan la cara empresarial del ex mandatario socialista (1970-1973), quien, mientras encabezó el Gobierno, entró en colisión con el mundo empresarial y estatizó grandes compañías.

Hurgando en el Archivo Nacional y después de entrevistar a varios herederos de empresarios, que en los años 50 destacaron en Valparaíso y Santiago, descubrimos que Allende fue accionista y director de la importadora y exportadora Pelegrino Cariola, cuyas oficinas centrales estaban en el puerto.

¿Qué hacía un médico y político en el directorio de una empresa privada? No se sabe a ciencia cierta cómo Allende llegó a esta compañía, fundada en 1942 por los herederos del empresario Pelegrino Cariola: Arturo y Raquel Ruiz de Gamboa Cariola. Su hija Isabel Allende reconoció que podría ser por amistad con Arturo, aunque destacó que la participación de su padre "fue ínfima".

De la empresa importadora fueron accionistas varios destacados vecinos del puerto, como Carlos Urenda Trigo, padre del ex senador de la UDI Beltrán Urenda, quien siendo joven fue abogado externo de la compañía. También figuran Alfonso Vallebona del Río, dedicado junto a otros descendientes de italianos al despacho de aduana, embarques y compra y venta de productos, y Alfonso Gubler, abogado radical, descendiente de alemanes.

Uno de los hilos de la investigación sobre el rol del ex Presidente en la empresa privada nace del libro del historiador Víctor Farías "Salvador Allende: el fin de un mito", en el que menciona que él estuvo en la sociedad salitrera Pelegrino Cariola. Allende sí fue empresario, pero sus acciones no estaban en una gran salitrera, sino que en una empresa mediana dedicada al comercio en Valparaíso.

El tema no era incompatible con su labor parlamentaria, pero lo que sí llama la atención es que esto no se condice con su discurso crítico contra los empresarios acumuladores de capital.

Utilidades millonarias

Los documentos que mantiene de la compañía el Archivo Nacional contienen balances y reuniones de directorio que demuestran que las ganancias de Cariola eran importantes.

En 1951, las utilidades líquidas llegaron a $7,5 millones ($288 millones de hoy); en 1955, a $33,8 millones ($236 millones de hoy), y en 1957, a $27 millones ($116 millones hoy). La actualización de las cifras las hizo el Economic History and Cliometrics Program (EH CLio Lab), de la Universidad Católica, considerando IPC a diciembre y corrigiendo por unidad monetaria.

Parte de los dividendos provenían de las rentas de una veintena de inmuebles ubicadas en el cerro La Merced, a las que se suma la oficina ubicada en calle Blanco. Los bienes raíces en 1957 fueron avaluados en $71 millones, lo que hoy son $309 millones (EHCLio Lab).

El resto de las utilidades venían de la venta de productos importados. Pelegrino Cariola trajo a Chile whisky, discos, productos Coleman, Eveready y las famosas tornamesas y tocadiscos Garrard.

Allende director

En medio del ajetreo del puerto, un total de 59 personas, entre obreros y empleados, trabajaban en Pelegrino Cariola cuando Allende llegó como accionista en 1952.

En esa época él ya había sido diputado por Valparaíso y senador por Valdivia, y se preparaba para correr la primera de sus cuatro carreras hacia la Presidencia de la República en 1952, cuando perdió frente a Carlos Ibáñez del Campo.

El ex Presidente socialista tenía el 0,28% de las acciones de la compañía, justo la cantidad que le permitía optar a un puesto en el directorio.

Allende nunca asistió a una reunión de directorio ni ordinaria ni extraordinaria. Pero cada dos años era reelegido por la unanimidad de los accionistas para dirigir la compañía.

Pese a su ausencia, Allende recibía una remuneración que en 1956 la empresa declaró que ascendía a $150 mil (hoy $760 mil, según EHCLio Lab). A lo que se suman los dividendos que anualmente repartía la firma.

En 1958, Allende vendió sus acciones y salió de la empresa. Cuatro años después, Cariola cerró su oficina en el puerto y se trasladó a Santiago.

Según un libro de la Superintendencia de Valores y Seguros, la empresa puede funcionar hasta 2050, pero no hay rastros de que siga operando.

Presidió el directorio de una firma de construcción

En el rubro de la construcción también participó Salvador Allende. Entre 1951 y 1957 fue presidente del directorio de Vibrocret, compañía que fabricaba y vendía materiales de cemento para la construcción. Entre ellos, soleras, postes, pastelones y muros prefabricados.

La empresa había sido creada en 1948 por las familias Pascal y Salvatore. El ingeniero Jorge Pascal y el descendiente de italianos Ernesto Salvatore, su cuñado, dieron los primeros pasos.

En 1951 la empresa se hizo mixta cuando entró a la propiedad de la compañía Enconapo S.A., filial de Corfo.

Ese año los privados y la Enconapo eligen de común acuerdo como presidente del directorio a Salvador Allende, cercano a la familia Pascal, ya que su hermana Laura estaba casada con Gastón Pascal, hermano de Jorge. También era de confianza del gobierno, en 1951 Allende era senador por Valdivia.

Un documento con membrete de Vibrocret consigna que el directorio de la sociedad mixta Vibrocret "estaría formado por tres directores de cada grupo y un presidente designado de común acuerdo. Primer presidente: don Salvador Allende, quien mantuvo el cargo hasta 1957".

Beltrán Urenda y Raúl García de la Huerta, hijo de un gerente de la compañía, recuerdan la foto de Allende en la galería de presidentes del directorio. Un abogado de la firma aclara que Salvador no fue accionista y que por su presidencia en el directorio no recibía sueldo.

Allende también fue parte del directorio de Laboratorio Chile. "No tuvo acciones de Laboratorio Chile, Allende fue director en calidad de representante del Estado de Chile", aclara Víctor Pey.