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domingo, 16 de agosto de 2009

Nuevos documentos desclasificados de la CIA

La gestión de Nixon y dictador brasileño para derrocar a Allende.

Documentos desclasificados de la CIA, publicados hoy en EEUU, revelan que Richard Nixon complotó con el dictador brasileño Emilio Garrastazú Médici para derrocar a Salvador Allende. El investigador Peter Kornbluh, encargado del Nacional Security Archive dijo que "Chile podría solicitar formalmente al Presidente Lula que abra los archivos militares de Brasil para clarificar lo sucedido".
Se trata de tres memos, fechados en 1971, que ilustran conversaciones personales entre Nixon y Garrastazú Médici, sostenidas en la Casa Blanca, y en las que discutieron acerca del rol que le cabría a Brasil en el derrocamiento del Presidente chileno. Durante uno de los diálogos, Nixon preguntó al dictador brasileño si el Ejército de Chile tenía la capacidad para derrocar a Allende. Éste respondió que "creía que sí", y además dejó claro que "Brasil estaba trabajando con ese objetivo".
Durante el encuentro que tuvo lugar en la Oficina Oval, Nixon aprobó la intervención de Brasil en Chile. "El Presidente señaló que era muy importante que Brasil y Estados Unidos trabajaran juntos en este campo. No podíamos tomar una dirección, pero sí los brasileños sentían que había algo que pudiéramos hacer para ayudar en esto, a él (Nixon) le gustaría que el Presidente Garrastazú Médici se lo hiciera saber. Si se requería dinero u otro tipo de ayuda discreta, podríamos ponerla a disposición. Esto se mantendría bajo la mayor discreción", señala el documento.
En la citada conversación, Nixon le dijo a Garrastazú Médici que Estados Unidos y Brasil debían "evitar que hubiese nuevos Allende y nuevos Castro" en América Latina y, al mismo tiempo, tratar de "revertir esta tendencia" donde fuese posible.
Nixon dijo también al brasileño que "esperaba que pudieran colaborar estrechamente puesto que había muchas cosas que Brasil, como país sudamericano, podía hacer y que Estados Unidos no podía" anota el texto de la CIA. La documentación revela que Nixon creía que una relación especial con Brasil era muy importante, al grado que propuso a Garrastazú Médici que ambos establecieran un canal directo y secreto de comunicación "para contactarse directamente fuera de medios diplomáticos".
El brasileño nombró a su ministro de Relaciones Exteriores y asesor privado, Gibson Barbosa, como su representante en dicho canal, pero le dijo a Nixon que en caso de que tuviese que tratar "materias particularmente privadas y delicadas, Brasil usaría al coronel Manso Netto. Por su parte, Nixon nombró a Kissinger como su representante.
Basado en fuentes brasileñas, otro memo de la CIA señala que Garrastazú Médici propuso al Presidente norteamericano que trabajasen juntos para contrarrestar la "expansión izquierdista marxista" y Nixon le prometió asistencia norteamericana "donde y cuando fuera posible". El reporte revela también que el meollo de las conversaciones secretas generó preocupación en los estamentos militares de Brasil. Algunos generales pensaban que la responsabilidad por tales operaciones recaería en las fuerzas armadas brasileñas. El documento cita al general brasileño Vicente Dale Coutinho señalando que "Estados Unidos obviamente quiere que Brasil haga el trabajo sucio" en América del Sur.
Una estimación hecha por la CIA en 1972, predecía que Brasil iba a jugar un rol cada vez más importante en asuntos hemisféricos "llenando cualquier vacío que Estados Unidos pudiera dejar" y agrega que Brasil "no dudaría" en emplear acciones encubiertas para "oponerse a gobiernos de izquierda; mantener gobiernos amigos en el poder o ayudarlos a instalarse en países como Bolivia y Uruguay".
Información
Kornbluh sostiene que Chile tiene el derecho de pedir a Brasil un informe que clarifique lo ocurrido. "Así como el Senado de los Estados Unidos emitió un reporte sobre la intervención norteamericana, uno pensaría, considerando el peso de los documentos revelados en Washington, que Brasil va a acceder a clarificar su propio rol" en el derrocamiento de Allende, subraya el investigador.
Peter Kornbluh es director de los Proyectos de Documentación Chile y Brasil del NSA, una agencia no gubernamental basada en Washington DC que lidera la campaña para desclasificar documentos aún secretos de la CIA en relación con la intervención de Estados Unidos en América del Sur. Kornbluh, autor del libro "Pinochet: los archivos secretos", ha sacado a la luz centenares de documentos que ilustran la intervención norteamericana en Chile.
"Obviamente, documentos como los que comentamos hoy revelan un aspecto multilateral en la intervención para derrocar a Allende. Debe haber más información que se intercambió a través de los canales secretos a los que se refiere la CIA. ¿Qué otras comunicaciones tuvieron después? ¿Qué más revelan esas comunicaciones sobre el rol de Brasil? Estoy seguro de que hay más documentos, muy secretos, de la CIA que aún no hemos visto, y que reflejan esta colaboración", dice Kornbluh.
Él cree que, si los brasileños están adoptando una política de puertas abiertas respecto de la historia, claramente, debieran estar dispuestos a avanzar para que se sepa todo lo ocurrido en ese entonces. "Por ende, vamos a dar a Estados Unidos, a la administración de Obama, todo el permiso para desclasificar cualquier documento que ilustre lo sucedido. Si Brasil lo hace, será un gran avance", concluye.
A su juicio, "Brasil seguía su propia iniciativa y tenía un interés propio, muy similar al de Estados Unidos: no quería que Allende tuviera éxito porque eso tendría un impacto en la región, especialmente en Uruguay".
"Más allá de entender los roles que los países jugaron en la intervención, y la voluntad propia de Brasil, es importante notar que Brasil ha cambiado mucho desde los ’70. La ironía es que la misma nación que eligió a Lula da Silva estuvo previamente involucrada en minar y derrocar un gobierno como el de Allende, que de algún modo pavimentó el camino para que líderes como Lula fueran democráticamente elegidos en las urnas", acota

jueves, 11 de septiembre de 2008

Desclasifican nuevas conversaciones entre Nixon y Kissinger para derrocar a Allende

Un registro de conversaciones hasta hoy inéditas entre Richard Nixon y Henry Kissinger para impedir que Allende asumiera el poder en 1970, y otro cuando sólo faltaban semanas para el Golpe de Estado, revela nuevos detalles de cómo ambos se empecinaron en derrocar el gobierno de la Unidad Popular, al punto de decir: El gran problema hoy en día es Chile. Entre las novedades figura la noticia que le da Kissinger a Nixon: Agustín Edwards ha huido y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes…

Por Peter Kornbluh*

Treinta y cinco años después del Golpe de Estado en Chile, apoyado por Estados Unidos, transcripciones recientemente desclasificadas de las conversaciones del entonces consejero de seguridad nacional de Estados Unidos Henry Kissinger con el director de la CIA Richard Helms, el Secretario de Estado William Rogers y especialmente con el Presidente Richard Nixon, revelan nuevos episodios sobre la trama interna de cómo su administración preparó la desestabilización del primer gobierno socialista elegido democráticamente en el mundo.

Si el 15 de septiembre de 1970, cuando Nixon ordenó a la CIA “evitar que Allende asumiera el poder, o lo derrocara”, era considerado el punto de partida para las operaciones encubiertas de Estados Unidos que contribuyeron al derrocamiento del gobierno de Salvador Allende, estas nuevas revelaciones cambian el mapa de la operación.

Según estas transcripciones, Nixon y Kissinger iniciaron sus planes para revertir los resultados de las elecciones chilenas tres días antes. Al mediodía del 12 de septiembre de 1970, Kissinger llamó a Helms para agendar una reunión urgente del “Comité 40”, un grupo de alto rango que supervisaba las operaciones encubiertas del gobierno de los Estados Unidos. Aproximadamente 35 minutos más tarde, en medio de un informe verbal que se le entregaba a Nixon sobre un secuestro de avión con rehenes en Amman, Jordania, Kissinger le dijo al Presidente: El gran problema hoy en día es Chile.

Esa trascripción revela cómo el Presidente de Estados Unidos concentró su atención en los esfuerzos por impedir el arribo al poder de Allende. En esa llamada, Nixon exigió ver todas las instrucciones que se le enviaban al embajador de EE.UU. en Santiago, Edward Korry. Al punto de ordenar que el Departamento de Estado fuera alertado de que él quería ver todos los cables enviados a Chile.

-Quiero una evaluación sobre las opciones disponibles -le dijo Nixon a Kissinger.

Cuando Kissinger le respondió que la posición del Departamento de Estado era la de permitir que Allende asumiera el poder y entonces ver lo que se podía hacer, Nixon inmediatamente vetó esa idea. ¿Igual como ocurrió con Castro? ¿Cómo ocurrió en Checoslovaquia? La misma gente dijo la misma cosa. No permitas que lo hagan, instruyó el Presidente.

En esa conversación, Kissinger y Nixon también hablaron sobre Agustín Edwards, el empresario y dueño del diario El Mercurio.

-Agustín Edwards ha huido –le informó dramáticamente Kissinger al Presidente-, y llega aquí el lunes. Me voy a reunir con él el lunes para conocer su versión de la situación.

-No queremos que se filtre un gran artículo respecto de que estamos tratando de derrocar al gobierno –respondió Nixon

El Secretario de Estado William Rogers, a quien Nixon y Kissinger en buena parte excluyeron de las deliberaciones sobre Chile, era igualmente sensible a esa posibilidad. La transcripción de su conversación con Kissinger dos días después refleja el nivel de preocupación del Departamento de Estado sobre la posibilidad de que Washington pudiera ser descubierto en su intento de subvertir la democracia electoral en Chile. En su conversación del 14 de septiembre, Rogers predijo con precisión: Sea lo que sea que hagamos, probablemente terminará muy mal. También le sugirió a Kissinger encubrir el rastro documental sobre las operaciones estadounidenses para asegurar que el registro documental no se vea mal.

-Mi sensación -y creo que coincide con la del Presidente- es que debemos incentivar un resultado diferente al de [referencia censurada], pero debemos hacerlo tan discretamente que no nos salga el tiro por la culata –le concedió Rogers a Kissinger.

La conversación continúa:

Kissinger: La única duda es cómo se define “el tiro por la culata”.

Rogers: Que nos descubran haciendo algo. Después de todo lo que hablamos sobre elecciones, si la primera vez que un comunista (sic) gana una elección, Estados Unidos intenta impedir que el proceso constitucional tome su curso, nos vamos a ver muy mal.

Kissinger: El Presidente opina que se debe hacer todo lo posible para evitar que Allende asuma el poder, pero a través de canales chilenos y con un bajo perfil.

El informe de un comité especial del Senado de EE.UU. que a mediados de los ‘70 investigó las operaciones encubiertas de la CIA en Chile, no citó estas transcripciones secretas, a pesar de que son el registro de las primeras conversaciones sustanciales entre Nixon y Kissinger sobre cómo impedir que Allende asumiera el gobierno. En entrevistas con dos miembros de ese comité del Senado que redactaron ese informe -Acciones Encubiertas en Chile,1963-1973-, ninguno recordaba haber visto estos dramáticos documentos, que incluyen una conversación hasta ahora desconocida entre el Presidente Nixon y su Consejero de Seguridad Nacional, Kissinger, respecto de las posibilidades de derrocar a Allende, sólo diez semanas antes del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

La búsqueda de los Telcons

En los días posteriores a la estrecha elección de Salvador Allende como Presidente de Chile el 4 de septiembre de 1970, Henry Kissinger sostuvo una serie de conversaciones telefónicas urgentes sobre “cómo hacerlo” en Chile. No permitiremos que Chile se vaya por el alcantarillado, le dijo Kissinger en una de esas llamadas al director de la CIA, Richard Helms. Estoy contigo, le respondió Helms.

Fue el 15 de septiembre, durante una reunión de 15 minutos en la Casa Blanca a la que asistió Kissinger, cuando el Presidente Nixon instruyó al director de la CIA, Richard Helms, de que la elección de Allende era inaceptable. Fue entonces que ordenó a la agencia actuar con su ya conocida frase hay que hacer gritar a la economía para salvar a Chile, como lo registró Helms en sus apuntes.

La CIA lanzó una campaña masiva de operaciones encubiertas –primero para impedir que Allende asumiera el gobierno, y cuando esa estrategia fracasó, para minar su gobernabilidad. Nuestra principal preocupación en Chile es la posibilidad de que [Allende] se consolide, y que su imagen ante el mundo sea su éxito, dijo Nixon ante su Consejo de Seguridad Nacional el 6 de noviembre de 1970, dos días después de que Allende iniciara su gobierno.

Las transcripciones de estas conversaciones telefónicas, conocidas como telcons, fueron creadas originalmente por Kissinger, quien grababa secretamente las llamadas que hacía y recibía (y luego pedía a su secretaria transcribirlas) mientras estaba en el gobierno. Cuando Kissinger dejó la Casa Blanca en enero de 1977, se llevó más de 30 mil páginas de transcripciones, aduciendo que eran “documentos personales”, y los usó selectivamente para escribir sus memorias.

En 1999, la organización National Security Archive inició acciones legales para obligar a Kissinger a devolver estos registros al gobierno. A solicitud del analista del Archivo, William Burr, los telcons sobre las crisis de política exterior de comienzos de los ‘70, incluyendo cuatro conversaciones desconocidas sobre Chile, fueron desclasificados recientemente por la Biblioteca Presidencial de Nixon.

El “Tanquetazo” hace vibrar a Nixon

Hasta el momento, la desclasificación de los telcons de Kissinger no ha entregado mucha evidencia de conversaciones telefónicas sobre Chile mientras se desarrollaban las operaciones de la CIA para desestabilizar a Allende en los años que siguieron. Pero a las 11 de la mañana del 4 de julio de 1973, la grabadora clandestina de Kissinger captó otra conversación hasta ahora desconocida con el Presidente Nixon. Menos de una semana después de un abortado Golpe de Estado en Santiago –el tanquetazo del 29 de junio-, Nixon llamó a Kissinger desde su casa de veraneo en San Clemente, California, para hablar sobre Allende y las perspectivas de un pronto derrocamiento de su gobierno.

Nixon: Sabes, creo que ese tipo chileno podría tener algunos problemas.

Kissinger: ¡Ah, tiene tremendos problemas! Definitivamente tiene tremendos problemas.

Nixon: Si sólo el Ejército pudiera lograr tener el respaldo de alguna gente.

Kissinger: Y ese golpe la semana pasada, no tuvimos nada que ver con él, pero igual, parece que salió prematuramente.

Nixon: Es cierto, y el hecho de que haya conformado un gabinete sin militares es, pienso yo, muy significativo.

Kissinger: Es muy significativo.

Nixon: Muy significativo porque esos tipos militares allá son bien orgullosos y tal vez ellos… ¿Cierto?

Kissinger: Sí, pienso que él está definitivamente en problemas.

Sólo diez semanas más tarde, los militares efectivamente derrocaron a Allende en un sangriento Golpe de Estado. El 15 de septiembre de 1973, Nixon llamó a Kissinger nuevamente. Se lamentaron sobre lo que Kissinger calificó como los diarios llorones y la sucia hipocresía de la prensa por concentrarse en la represión de los militares chilenos y las condenas al rol jugado por Estados Unidos. En este telcon, que fue desclasificado en mayo de 2004, Nixon señala:

-Nuestra mano se mantiene oculta en esto.

Y Kissinger replica: No lo hicimos nosotros… Quiero decir, les ayudamos. [Censurado] creó las máximas condiciones posibles… En la era de Eisenhower, seríamos considerados héroes.

lunes, 16 de junio de 2008

Kissinger condenó a Allende de antemano

"Le recomiendo oponernos a Allende con toda nuestra fuerza y hacer todo lo posible para impedir que se consolide en el poder, teniendo cuidado de que aparentemos estar reaccionando a sus movimientos", escribió Kissinger en un documento reservado fechado el 5 de noviembre de 1970.
El documento de ocho páginas revela también que, para el entonces consejero de Seguridad Nacional de Nixon, Allende tenía capacidad para ampliar su popularidad en las elecciones de 1976, que no llegaron a celebrarse.
La máxima preocupación del poderoso funcionario era que Allende tuviera éxito en su gestión e inspirara así a movimientos izquierdistas en otros países, incluida Europa occidental, según admitió propio Kissinger en su memorándum "secreto/delicado" ("Secret/Sensitive").
"El ejemplo de un gobierno marxista electo exitoso en Chile tendría, seguramente, un impacto --y aun valor como precedente-- en otras partes del mundo, especialmente en Italia", advierte el documento dirigido a Nixon pocas horas antes de una reunión clave del Consejo de Seguridad Nacional.
El actual secretario de Estado Colin Powell, sostuvo que la actitud de Washington respecto de Allende en Chile "no es una parte de la historia estadounidense de la que nos sintamos orgullosos".
El informe recién conocido deja en evidencia que el "ataque preventivo" implementado en Iraq por el presidente George W. Bush tiene, como doctrina, antecedentes en la historia estadounidense, al contrario de lo que hasta ahora decían, escandalizados o complacidos, simpatizantes y adversarios del gobierno.
Pero las maniobras desestabilizadoras de Washington contra el gobierno de Allende no tuvieron entre sus motivaciones la evaluación de Chile como fuente de amenazas militares directas o subversivas contra Estados Unidos, según el documento escrito por Kissinger.
En 1970, Kissinger urgió a su jefe a rechazar el enfoque de convivencia pacífica recomendado por el Departamento de Estado oficina que dos años después encabezaría él mismo.
"La imitación de fenómenos similares en otras partes afectaría significativamente el equilibrio mundial y nuestra propia posición", según el funcionario.
El documento deja en evidencia los argumentos que estaban detrás de la política de desestabilización ejercida en Chile por el gobierno de Nixon, según Peter Kornbluh, autor de "El archivo Pinochet: Informe desclasificado sobre atrocidades y responsabilidad".
"Este documento es la piedra de Roseta para descifrar las motivaciones de Kissinger y Nixon al socavar la democracia chilena", dijo a IPS Kornbluh, quien obtuvo el informe a través de los mecanismos establecidos por la Ley de Libertad de Información (FoIA).
"También fortalece el juicio de la historia sobre el papel de Kissinger como principal defensor del derrocamiento del gobierno de Allende", agregó el investigador, quien dirigió durante más de 10 años el Proyecto de Documentación sobre Chile del centro académico independiente Archivo de Seguridad Nacional.
En sus memorias, Kissinger negó que Estados Unidos haya intentado deliberadamente desestabilizar a Allende.
Allende fue, finalmente, depuesto en un sangriento golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, dando inicio a una dictadura que duró 17 años.
El presidente se suicidó antes de que los conspiradores lo capturaran.
"Estados Unidos no intentó desestabilizar a Allende, sino mantener a aquellos partidos políticos que tradicionalmente participaron en elecciones, y nuestra preocupación eran las elecciones de 1976 y no el golpe de 1973, del que no sabíamos nada y con el que no tuvimos nada que ver", dijo Kissinger en sus memorias.
Kornbluh concluyó en su libro que no existe evidencia concreta de participación de la CIA en el golpe de Estado, aunque sí la hay de un rol de Washington en la preparación del terreno para la conspiración y en el respaldo a Pinochet luego de encaramarse en el poder.
"Los peligros de no hacer nada" para impedir que Allende consolidara su posición en el gobierno chileno "son mayores a los riesgos que corremos si tratamos de hacer algo", escribió Kissinger en su memorándum. "La elección de Allende representa para nosotros uno de los desafíos más serios jamás afrontados en este hemisferio. Qué hacer al respecto podría ser la decisión de política exterior más histórica y difícil que usted tenga que tomar este año", escribió Kissinger a Nixon.
Un gobierno izquierdista en Chile "tendrá efecto en lo que suceda en el resto de América Latina y el mundo en desarrollo, en nuestra posición futura en el hemisferio y en el más amplio panorama mundial, incluidas las relaciones con la Unión Soviética", agregó. En ese sentido, Chile "se convertirá probablemente en líder de la oposición a nosotros en el sistema interamericano, una fuente de distorsiones en el resto de América Latina" y "podría constituir una base de apoyo y punto de entrada para la expansión de la presencia soviética y cubana en la región", sostuvo.
Una inacción de Washington contra Chile "puede ser percibida en América Latina y en Europa como indiferencia e impotencia", argumentó. Allende es "un marxista duro y dedicado con un profundo sesgo antiestadounidense", pero fue "elegido legalmente" y tiene "legitimidad a los ojos de los chilenos y de la mayoría del mundo.
Pero Kissinger recoge en su informe la visión que consideraba predominante entre los analistas estadounidenses, según la cual "Allende y las fuerzas que llegarán al poder con él tienen la capacidad, los medios y los conocimientos para mantenerse y consolidarse" en el gobierno.
"Un estado socialista, racional e 'independiente' vinculado con Cuba y con la Unión Soviética puede ser aun más peligroso para nuestros intereses de largo plazo que un régimen radical", añadió.

miércoles, 16 de mayo de 2007

KISSINGER

Solo uno de los tentáculos de Kissinger: Chile
Hay que denunciar a quien controlaba los hilos del golpe de estado y la dictadura en Chile
Algunos de los escalofriantes documentos desclasificados permiten reconstruir las tramas de poder y muerte tejidas por Kissinger y sus secuaces en Chile. (Basado en Mc Laughlin, «Desde Pinochet Y Kissinger», (1998) y «Las pruebas contra Kissinger» 4-III-2001-El País)
El Partido de Democracia Cristiana encabezado por Patricio Alwyn y Eduardo Frei, reciben financiación de los EEUU y despachan habitualmente con el embajador norteamericano. En 1970, Frei no puede presentarse a la reelección y se pone Allende como favorito para ganar.
Henry Kissinger forma y preside el «Comité 40», organización de alto nivel conformado por representantes de estado, de la CIA y el Pentágono, para preparar un preventivo golpe de estado militar ante la inminente elección de Allende.
Un grupo de oficiales que trabajaban bajo la dirección de la CIA lleva a acabo el asesinato del general René Schneider, un oficial que está contra la intervención del ejército en el asunto y en una tentativa fracasada de provocar un golpe antes de que Allende pudiera alcanzar el poder.
Al ganar Allende las elecciones, hubo 6 tentativas fracasadas de golpe por parte de la derecha, la mayoría con ayuda directa norteamericana.
El gobierno norteamericano establece una organización fascista: Patria y Libertad, dirigida por un antiguo empleado de relaciones públicas de la Ford Motor Company, que se convirtió en secretario de prensa de Pinochet después del golpe.
Patrocinó la operación Djakarta, un plan para el asesinato sistemático de líderes de unidad popular de Allende. La organización fue nombrada así en honor al éxito más sangriento de la CIA, el golpe militar en Indonesia en 1965, en el que un millón de personas fueron asesinadas brutalmente.
Igual que en Indonesia, ayudan a los militares de Chile a componer listas de gente a ser exterminada. El 10 de septiembre de 1973, día antes del ataque de la junta, fueron distribuidos a las escuadrillas de la muerte los nombres de 3000 líderes de alto nivel y 20.000 de organizaciones populares de nivel medio (sindicatos, grupos de estudiantes, comités de campesinos, grupos de derechos civiles, partidos políticos de izquierdas).
Los informes de la prensa norteamericana sobre la detención de Pinochet se han mantenido silenciosos sobre la responsabilidad del gobierno de los EEUU en el golpe del 73, en especial la de Kissinger. También han menguado la escalada de crímenes de Pinochet.
La CIA estima en 3.000 personas asesinadas, mientras que la mayoría de las estimaciones independientes lo ponen en 50.000.
Angélica Garzón